miércoles, 10 de octubre de 2012

Gimme the Power, by Olallo Rubio



“No nos hacen nada y mira lo que estamos diciendo”

La neta no sé cómo empezar mi verborrea sobre el filme de Olallo Rubio que tiene que ver con la historia de un grupo de rock y la de una dictadura perfecta. La película es muy buena y en ella Rubio hace lo que mejor sabe hacer, lo que sea que eso sea. Y mis amigos extranjeros, o sea los que viven fuera de Yucatán, se preguntarán si de verdad acabo de ver una movie que salió hace tanto tiempo, ¿tan lejos estará Mérida que acaba de llegar? Pues sí, y no sólo eso, ya que la quise ver anteayer y acudí a una sala según la cartelera publicada en periódicos, la cual decía que sería exhibida en tres horarios, uno vespertino y dos nocturnos, pero al llegar por la noche te decían que sólo en la tarde se proyectaba. Sí, este sofisticado sistema de censura todavía opera en este pueblo cuya población suspiracionista insiste en llamar ciudad sólo por los hechos de tener muchos y grandotes centros comerciales, restaurantes fancys y un chingo de tránsito con su respectivo madrero de automóviles.


Total que al fin pude verla y me surgieron dos que tres comentarios. Para empezar, decía que la estructura y la forma de narrar lo que le dé la gana al pinche Olallo es lo que mejor le sale. La peli se ve y se oye muy bien, fluye y parece que va hacia algún lado, aunque luego no se sabe si llega o no. De la mano van las historias del rock y la dictadura del Pri en el país, cosas interesantes y que todo mundo debería de ver y saber. Buenos apuntes, buenos cuestionamientos, buenos documentos y buenos etcéteras. Pero qué es lo que no me terminó de convencer de la cinta si realmente es muy buena. Como muchas veces el asunto político, pues lo considero un tanto maniqueo. Trataré de explicarme, conste que sólo trataré.

Después del choro sobre la represión a la libertad de expresión y algunas acusaciones, llegamos al surgimiento de la banda de rock, rap y demás hierbas que Molotov se llama y que vino a decir cosas que nadie decía donde ellos lo decían, resultó ser una rotura de madre a las buenas costumbres y demostró que en el México moderno la gente ya no se callaba la boca y los niños popis también tenían cosas qué gritar y podían ser artistas empáticos con el pueblo. Todo bien, y para que el madrazo fuera más contundente, la banda trajo un sonido fresco, sin pelos y para decirlo en una sola palabra: lúdico.

Es el escritor Xavier Velasco, quien con la cara llena de verde sinceridad en el documental, da en el mero clavo al afirmar que el sentimiento con las proclamas de Molotov era el de “no nos hacen nada y mira lo que estamos diciendo”. Y ahí mis queridos malpensados es donde se halla el maldito detalle de este asunto. Pues claro que, y el mismo Olallo es brillante ejemplo de esto, los dueños del poder “no les hicieron nada” y no sólo les dejaron decir lo que fuera sino que les pagaron para que lo hicieran, pues así legitimaban aquel rollo del país democrático donde todos gozan de libertad de expresión y demás propaganda neoliberal.

Chale, qué chairo estuvo eso de mi parte. Además los propios Molotoves admiten que no tenían pretensiones polacas. Por eso es un detalle. Del resto la película es muy disfrutable, primero te invita a la reflexión sobre lo que ha significado y seguirá significando el Pri y sus comparsas y luego te enchufa el kilowataje de la banda. No deja de poner la epidermis chinita con sonidos e imágenes que tocan fibras públicas y privadas, como cuando Molotov arma tremendo desmadre en Rusia o cuando los Fabulosos Cadillacs esperaban su turno para tocar tras ellos en el Vive Latino y se preguntaban qué pasaba afuera con tanto desmadre y no sabían si estaba temblando o qué pedo. Sin duda gran impacto y trayectoria de la banda en cuestión.

Y ya para terminar nadie sabe que sigue para México tanto en la política como en lo musical. Bueno, se ve en la película y en realidad ya todo mundo lo sabe: en lo primero, autoritarismo, represión, terrorismo, neoliberalismo rapaz y demás linduras disfrazadas de ultrapluscuanmodernidad democrática primermundista y, en lo segundo, grupillos poperos y seudoroqueros con pocas cosas que decir y algunos juniors consientes, hijos de Molotoves y sus contemporáneos, que gritarán a muy buen beat alguna chingadera hasta por la TV, lo digo en serio, no estoy tratando de imitar la ironía de Olallo, neta creo que los fresas ilustrados hacen cosas bien chingonas, y claro, también seguirán los marginados de siempre haciendo lo de siempre, pero de ellos no hablamos ni hablaremos hoy.

1 comentario:

  1. Eterna Fan del Kaskep (lo que sea que eso signifique) Buen Debraye - fuera del análisis -me encantó eso de "ciudad", es raro. Se que vivimos en el mismo jodido país pero aveces me haces sentir que estoy mas lejos.

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